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La romanización
Ámbito V
El paso del mundo ibérico al mundo romano se produjo como consecuencia de la romanización de las tierras gerundenses a partir del año 218 a.C., con el desembarco de los primeros romanos en Empúries. Las nuevas ciudades y villas agrícolas forman la base de la ocupación territorial. Las ciudades se convierten en sedes del nuevo poder y las villas, con su parte rústica y urbana, explotan el campo en donde el vino, el aceite y los cereales constituyen los principales productos cultivados. Los nuevos gustos de una sociedad plenamente romanizada se reflejan en los diferentes objetos expuestos, algunos de cariz personal, y otros delicados como las muñecas de terracota. Los amuletos y la representación de dioses y mitos nos acercan a una nueva religiosidad que ejerce su influencia en costumbres tan básicas como el ritual funerario. La expansión de las rutas comerciales aporta nuevas modas en vajillas y objetos personales, surgiendo nuevos materiales como el vidrio soplado. La expansión del cristianismo en el Bajo Imperio transformará una sociedad que, aunque mantendrá su base económica, administrativa y judicial hasta incluso en la época visigótica, ya presenta una mentalidad y unas costumbres distintas, especialmente a partir del momento en que las ciudades se convierten en sedes episcopales y la religión cristiana impregna todos los aspectos de la vida cotidiana.