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La cultura ibérica
Ámbito IV
En el s. VII a.C., las poblaciones indígenas de la Edad de Bronce de la parte mediterránea de la Península, inician un largo proceso evolutivo que las conducirá hasta la formación de la cultura ibérica. A pesar de las diferencias regionales, la cultura ibérica presenta unos rasgos característicos comunes en todo el territorio: la generalización de la construcción con materiales duros (piedra, adobe), el surgimiento de un urbanismo incipiente y de un nuevo tipo de hábitat fortificado en altura conocido como oppidum, la adopción del torno de alfarero, un amplio desarrollo de la metalurgia del hierro y la creación de un sistema autóctono de escritura.
La sociedad se estructura en clases, con una amplia base de campesinos y pastores, un importante sector artesanal y una clase dominante que detenta el poder y la propiedad de la tierra. La economía se basa principalmente en la agricultura de secano y, en Catalunya, un buen testimonio de esta actividad lo constituyen los numerosos campos de silos que se utilizaban para almacenar el grano. Otra actividad importante complementaria era la ganadería. El contacto con los pueblos coloniales tuvo importantes repercusiones en las formas de organización de la sociedad, la economía y las creencias.
Los yacimientos indígenas más destacados de este periodo expuestos en el museo son los procedentes de Ullastret, Mas Castellar de Pontós, Castell de la Fosca de Palamós, Sant Julià de Ramis o la Creueta.